Testimonios de un tipo que no recuerda nada y lucha por no olvidarlo todo. Rastros de un camino recorrido, historias mal contadas. Prueba irrefutable de que viví.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
También los queremos
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Un domingo en familia
miércoles, 4 de noviembre de 2009
El hipo del pecho frío
Me levanto de madrugada, a eso de las ocho de la mañana. Con el pijama puesto me meto a la ducha y jabono mis partecitas no con tanto entusiasmo, lanzando respingo al sentir el agua fría de Arequipa. A estas horas de la mañana, la terma solar no es muy eficaz. Me causa curiosidad el funcionamiento de estos aparatos; supuestamente uno necesita agua caliente precisamente cuando no hay sol, cuando el frío predomina, cuando el calor brilla por su ausencia, cuando tememos contraer un resfriado. Muy por el contrario, cuando el sol sale poderoso, cuando el calor es consecuente, cuando sudamos y apestamos un poquito, es cuando necesitamos un baño de agua fría, para apaciguar y refrenar esos calores estultos. Entonces la terma solar es una creación, un invento inversamente proporcional, añadiendo que esta última mención, no la entiendo bien. Con estas dudas existenciales salgo de la ducha, aún con pijama y con ganas de retomar mi romance con mi colchón, el cual sí considero un buen invento, quizá el mejor que se haya hecho; porque ahí si se ejercen las actividades más placenteras, como son: dormir y… retozar. Ingreso a mi habitación sin apuros, sabiendo que llego tarde a las clases de inglés, donde me acabo de inscribir. Cojo mi ropa, trato de hacer algún tipo de peinado que igual será incomprendido, tomo mi mochila vieja y empiezo mi lánguido caminar. Llego tarde. Saludo a Miss Carlota, que está perdiendo dinero como profesora de inglés, puesto que es chistosísima y debería estar en “El Especial del Humor “, o en el congreso, donde también pasan cosas elocuentes. Mientras Miss Carlota nos hace reír y repetir mil veces “one - two - three”, tomo asiento y en pleno reinado de mi torpeza, golpeo a mi compañera de carpeta, quien es una chiquilla dulce y educada. Me mira con asombro posterior al golpe propinado. Me excuso, le digo que es producto del sueño, el cual me pone violento y agresivo. La clase de inglés ha terminado y nos hemos reído mucho, pronunciamos one - two – three sin leer y nos despedimos felices. Chana me sorprende, me espera a la salida de mis clases. Se ha escapado de su trabajo, del estudio jurídico donde labora jugando a ser abogada. Me trae una pulsera de “El Señor de los Milagros” y yo estoy contrariado con su presencia. Ella me quiere mucho y yo también; ella se preocupa por mí con un cariño altruista y me hace reír tanto como Miss Carlota. Me gustaría tenerlas juntas y alcoholizadas, hablando de la vida para morir a carcajadas. Me pongo la pulsera y presiento me quemaré la muñeca, porque el pecado gobierna dentro mío. Llego a casa y tomo una taza de café para despertar, a eso de las once de la mañana. De repente aparece, de sorpresa, sin avisar, de una forma desmesurada y convulsiva: ¡Hip! ¡Hip! ¡Hip! Un hipo inhumano, agresivo, me domina totalmente. Me domina mientras almuerzo, mientras me cambio para ir a trabajar, mientras subo al transporte público, mientras la gente en aquel bus se ríe, mientras llego a mi agencia, mientras mis compañeros se burlan, mientras ingreso a ventanilla. Pero sin darme cuenta, y ya en el ejercicio de mi trabajo, desaparece. Acabo la jornada laboral y dispuesto a jugar una pichanguita de fútbol, el hipo regresa igual de chapucero, tan procaz como apareció la primera vez. Todos ríen y gozan con mis respingos y aquel sonido particular que ejecuto. Juego dos horas de fútbol, el hipo desaparece sorpresivamente. Meto muchos goles, sudo y apesto lo que tengo que sudar y apestar. Un tipo me dice: “Gringo pecho frío”, en alusión a mi poco recorrido y desgaste. Me duele, me hiere que me llame así; porque un tipo de poco desgaste y recorrido no suda ni apesta como yo. A pesar de todo no le digo nada, porque él es grande y fuerte y me puede enfriar de verdad si desea. Llego a casa de noche, con ganas de tomar un baño caliente, pero no hay sol. Tomo una taza de café para calentarme, sobre todo mi pecho frío. Pienso que ha sido un día particular. Quiero dormir, combatir contra el insomnio. Es la una de la mañana y me convenzo de dormir: - A la one, a la two, a la one, two, three – me digo; y cuando me siento listo… un ¡Hip! me hace saltar y se jodió todo.martes, 20 de octubre de 2009
No le eches la culpa a Bayly
miércoles, 14 de octubre de 2009
Espíritu de Equipo
martes, 6 de octubre de 2009
Soy una cebolla
lunes, 31 de agosto de 2009
Remembranzas y novedades
martes, 25 de agosto de 2009
Niña vieja
Está inmensa, grandota, una señorita buena moza y guapetona. Asiste a todos los quinceañeros (que ocurrentemente llama quinos) que hay en esta agitada ciudad. Asiste a concursos de belleza en calidad de público por ahora, porque a futuro y según sus predicciones no muy desfachatadas, ella será la reina de belleza en los próximos años librándonos de las últimas candidatas que no están a la altura del concurso. Me enseña sus invitaciones para las fiestas; los pases, las parafernalias de los cumpleaños a los que asistió. Todas las tarjetas de invitación que tiene son novedosas, creativas, lindas; no como las de mis épocas que parecían de bautizo: plateadas y con escarcha. Usa un cerquillo medio “punk”. Flaca, patilarga, con aires de princesa. Habla hasta por los codos, repitiendo palabras inusuales e irreverentes; con aspavientos energéticos y novedosos. Chatea sigilosamente, a la defensiva, no queriendo que se inmiscuyan en sus conversaciones de púber rebelde. Tiene catorce años y una vida social envidiable. Mi princesita ha crecido como las flores en primavera y a una velocidad incontenible; es una señorita remilgosa y guapetona. No le interesa reprobar matemática ni biología a pesar de que su mamá enseñé ese curso en otro colegio; a ella le interesa estar lista en la próxima temporada de verano para bajar a la playa con un millón de kilos de pintura, betún, harina y cualquier menjunje que garantice humillar al enemigo. No tiene bandera, ni partido político, ni le interesa; se junta con chicos y chicas de otros colegios, de otras promociones, haciendo de las rivalidades tontas un buen grupo de amigos. Viste lindo, me habla del tecktónic y electropop (bailes de moda), sonriendo sin complejos ni problemas. Tiene su cuarto desordenado pero las ideas claras. Cuenta sus anécdotas con una chispa única mientras pienso que el tiempo es cruel y ya estoy viejo. Quiere pintar la puerta de su habitación de blanco para rayarla toda. Quiere un iphone a como dé lugar y no sabe que haría con él. No usa tacos porque los chicos le llegarían al cuello y no pretende incomodar a nadie, menos a ella. Juega fútbol en su colegio y es arquera por protestar contra la anterior que no paraba ni un taxi. No para en la casa y cuando lo hace, todo el mundo se da cuenta. Es alegre, callejera y loca como antes yo lo había sido, aunque no tan loca. De bebé me decía maestro. Mi princesa a crecido y yo gozo viéndola fresca y feliz; gozo como su tío, como su compinche, como su súbdito. Mi princesa ya es una reina y su reinado es eterno.
miércoles, 29 de julio de 2009
Las muertes que vivo
“Estas ganas de suicidarme me están matando”. Y aunque esto no es una tentativa seria, pasa por mi cabeza la idea sorpresiva de ir al más allá, a un mundo desconocido y quizá inexistente; de cruzar la gran puerta, seguir la voz y darle fin a este círculo vicioso llamado vida. Si me quito la vida no sería por cobardía, no sería por temores, depresiones, mal de amores. La razón que me empuja a realizar tan cuestionada acción, tiene un pretexto menos honroso y más cercano a mi realidad: flojera. Aún soy joven, aún tengo un futuro por delante, miles de oportunidades regadas por mi camino incierto y peligroso. Y es por eso, por no recorrerlo, porque soy joven y aún no he tomado ninguna decisión que afecte el destino de otras vidas, porque no he pensado nada que tenga que terminar obligatoriamente, es que pretendo terminar con mi historia. No me he casado, no tengo hijos, no hay nada que interfiera mi inquietante idea de ponerle fin a todo. No hay nada más que ideas moralistas y costumbristas con las cuales nunca me he identificado. Ahora vivo solo, podría tomarme el tiempo, las molestias necesarias para borrarme del mapa y terminar con mi vida. El problema es encontrar la manera adecuada, la forma más romántica, literaria, trascendental de dejar mis restos, mi cuerpo inerte. El problema de desaparecer es cómo. Intentaría ahorcarme, flotar en el centro de mi habitación, con una soga rodeando mi cuellito delgado, dejando el cuerpo colgando, balanceándose, vestido de gala, con un vodka derramado por ahí y una nota que diga: - “Perú nunca llegará al mundial. Así no vale la pena vivir. Gracias Burga.”- y así no sólo dejar un cuerpo miserable sino también, un culpable aun más miserable. Debería pero no hay de donde colgarme en mi habitación y temo no funcionaría. Podría agenciarme una pistola, mejor un revolver, uno plateado; meterlo en mi boquita y apretar el gatillo, dejando así que la sangre inunde mi alcoba y en medio mis restos. A diferencia de la primera forma de morir, encontrarían mis restos en minutos por el ruido del proyectil y además perforaría mi cuerpo y pretendo lo encuentren no mas dañado de lo que está. Este lo dejaría con una nota que diga: - “Me faltaron tres números para ganar la lotería.” -. Podría conducir ebrio y estrellarme con un poste, el problema no sería tanto dañar mi físico, sino también el hecho de que no sé conducir, no tengo carro y que no encontrarían la nota que diría: - “Mi jefe me dijo que no servía para nada, que era un cachorro, que era un inútil; tiene razón” -. Podría intentar cortarme las venas, pero no soy diestro con los cuchillos, y podría hacerme daño; ni tampoco hábil cortando cosas, por otro lado, esperar la muerte desangrando debe ser bien aburrido. Lo haría dejando un escrito que diga: - “No sirvo para el sexo, no complazco a nadie, no se me para” -. La forma más tentativa es de hecho, con una sobredosis de pastilla, un ataque cardiaco fugaz, un envenenamiento eficaz y poderoso, que no tarde más de cinco minutos y me someta a la muerte sin aspavientos. La nota diría: - “Lo hice por amor…a mí, quien nunca me correspondió” -. Cual fuera la forma, el método, la circunstancia; dejaría mis papeles regados, mis poemas perdidos, mis frases poco célebres, mis memorias. Dejaría un cuerpo consumido por el desgano. Dejaría en el aire un montón de sueños incumplidos, pero no necesarios; besos pendientes y palabras que no pude decir a tiempo. Un testamento ligero que consignara claro y preciso: - “Dejo mi amor eterno a mi madre; mi cariño sincero a mis amigos; mi gratitud a las mujeres que amé y me amaron; mis deudas (que no son pocas) a mi padre, que presiento me adeuda mucho más que eso.” -. Mi entierro debe ser rápido y sencillo, con mucha música de Fito Páez y Queen, sin arreglos florales y con todos los presentes (que no deben de ser muchos) vestidos de blanco y con lentes oscuros. No lágrimas, no lamentos, no penas. En mi epitafio debe decir: - “Aquí sigue descansando el buen Leo, que no escogió su destino pero si su final.” –Y en vez de imágenes de angeles y querubines, los Simpson. Me imagino muriendo por diferentes métodos, intentando huir de todo. Me imagino lo arduo que debe ser todo, lo cansado que terminaría. Entonces me da flojera, y decido vivir. martes, 21 de julio de 2009
Imprudencia
jueves, 14 de mayo de 2009
Soy una nena
miércoles, 22 de abril de 2009
Cantante frustrado
miércoles, 15 de abril de 2009
Amores que no son
martes, 24 de marzo de 2009
La sorpresa que no di
martes, 17 de marzo de 2009
Sólo travieso
sábado, 7 de marzo de 2009
Anchos instintos
miércoles, 18 de febrero de 2009
Los días contigo
martes, 10 de febrero de 2009
Estrés
miércoles, 4 de febrero de 2009
Complicaciones
martes, 20 de enero de 2009
Presagio
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