Recuerdo cuando con Rebeca (aquel fantasma dulce que me persigue) andábamos de la mano por las calles taciturnas de Tacna; con dieciséis o diecisiete años a cuestas, bromeando de todo, despreocupados de la vida, enamorados (presiento). Cuando me desesperaba por verla los fines de semana, esto si sus padres le permitían salir a la casa de su amiga, lugar de encuentro estratégico. Recuerdo los poemas que le escribía, que le mandaba con mi pequeña sobrina al colegio (ella, mi sobrina, siempre tan tierna y servicial), las miles de cartas que intercambiábamos, los besos más profundos que recuerdo, su sentido del humor tan dulce. Recuerdo la agonía que me acompañaba de lunes a viernes, casi mortal, que se disipaba por poco al extremo de inexistente cuando la veía asomarse y verme con esos ojitos verdes con los que aún sueño. Han pasado años desde entonces y todavía hay rezagos de todo ese sentimiento inmaculado que Rebeca, mi primer amor, me inspiró durante dos años. Sofía asomó una noche de verano, rebelde y alocada, arrasó conmigo y mis prospectos como un huracán. Ella con su infinito amor por mí me conquistó irremediablemente. Sus locuras me hicieron reír y llorar de verdad y me demostró lo difícil y divertido que es la convivencia, porque paraba con ella casi todo el día: íbamos de compras juntos, dormíamos y amanecíamos juntos, intimábamos como dos viejos amantes. Los días con Sofi pasaron llenos de emociones, pasaron como aquel verano en que nos conocimos y en el cual, sin más escusas, me conquistó. Tacna me regaló estas dos historias lindas y hoy melancólicas que recuerdo con cariño. Llegué a Arequipa huyendo de una ciudad que no tenía más que ofrecerme, intentando hacerme hombre con todo lo que esto implica. Mi búsqueda de la felicidad esta totalmente relacionada a ese amor con el cual creo, sólo he coqueteado. Mi búsqueda de la felicidad y mi proyecto de vida (que es mediocre y cursi, lo admito) no ataña el acumular riquezas y tener un millón de dólares en el banco, ni carros, ni casas, ni acumular riquezas que me hagan menos humano. Quiero el dinero necesario para vivir tranquilo yo y los míos, que en verdad no serán muchos. Han pasado años desde entonces, y el tiempo ha sabido poner en mi camino chicas lindas que han cuidado de mí con esmero. Chana y Cristina, dos chicas grandiosas con las cuales, con un poco más de voluntad, hubiera podido vivir una relación encantadora. Ambas despertaron interés en mí, pero por esta abyecta manía de temerle al compromiso, no les brindé lo que se merecían. Desde que llegué a la “Blanca Ciudad”, no me esmerado por conquistar a nadie o por cumplir por lo menos medianamente, aquel proyecto de vida ligero pero añorado. Mis relaciones en Arequipa han durado poco porque yo no fui el que las escogió, porque yo no fui quien planeo un flirteo delicado y romántico, como más o menos me gusta. No me he esmerado mucho por sorprenderlas si es que a ellas las sorprendí (Chana y Cristina). Entonces, ese vacío, esa retención de besos y abrazos, esas ganas de escribir cartas de media noche a puño y letra, esos poemas que todavía no son por falta de escusa me están consumiendo y acumulándose es este pecho lampiño que casi casi, quiere explotar. Camila apareció, y como siempre, no me llamó la atención a primera vista, no me flechó con la primera mirada ni me conquistó con su sonrisa. Las cosas se dieron naturales y convirtieron el día a día del trabajo en miraditas y sonrisas cómplices y risueñas. Cami se muestra como una chica comprometida con sus ideales religiosos, los cuales respeto y hasta incluso creo plausibles por su coraje. Camila se refugia en teorías espirituales y pone barreras entre los dos. Camila y sus conceptos tienen un enamorado, un enamorado noble y pacífico que ha intentado cuidar de ellas como todo un caballero. No sé en qué momento pasó esta intención mía de un capricho a una realidad que por gallardía no puedo negar. No sé en qué momento me convencí de lo que quiero y a pesar de saber que está mal (creo), no pretendo retroceder mis tropas del terreno ganado. No sé desde cuándo pienso en Camila en algo más que una compañera de trabajo o un capricho innoble. He sido ya, sin compartir una relación con ella, un canalla que por sincero, imprudente; y cómo pocas veces, arrepentido de haber dicho y hasta incluso escrito en su contra y en contra de su enamorado que a diferencia mía, es un caballero sin despeinarse. No sé lo que pretendo, si está bien o mal que me inmiscuya en una relación que goza de dos años de compromiso, un compromiso que poco a poco viene a menos y prefiero acabe por el desgaste que por intromisiones mías. A Camila la veo frecuentemente por cuestiones laborales y sé que es difícil hacerse el loco o desprenderme de mis intenciones que no son malas, sólo impertinentes. Tengo besos y abrazos acumulados que han visto en Camila un buen puerto. Camila es una buena chica que admira a su enamorado, que se siente protegida, pero intuyo (y lo digo con humildad y el mayor de los respetos), no es la pareja que le ofrece esa relación natural y fluida que la haga enamorarse de verdad y le permita ser ella misma. Presiento que Camila se aferra como naufrago a la orilla con más resignación que empeño. Hace tiempo no me acerco a alguien, la miro a los ojos, le tomo las manos, y con nervios por doquier, le digo: “Me acompañas a estar solo” o en otras palabras “Quieres estar conmigo”. Ya me olvidé como es eso de conquistar a alguien. El altruismo dice que no debería meterme, porque sé que no me gustaría que un tercero aparezca y se lleve a mi chica (aceptando la derrota y sabiendo que ella decidió y dentro de la democracia que yo busco es válido y por demás correcto). Por otro lado una propaganda de desodorante me dice que deje de ser amigo (sólo tengo una amiga) y empiece a ser hombre. Esta única amiga me dice que en el amor y la guerra se vale todo; yo, un poco más protocolar, intento no ser uno de esos tantos robanovias de los cuales hasta yo me he quejado. Yo no voy con maldad, ni con la pierna arriba intentando hacer daño a alguien. Mis intenciones son buenas, aunque muchas me vean como un chico malo. Camila cree que yo estoy enamoradito de ella y me ve con una pena que me hace sentir subestimado. Camila cree que es mejor tratarme como amigo y alejarse con discreción, lamentablemente sólo lo cree mas no lo quiere ni lo siente, lo presiento. Yo no me muero por nadie ni pretendo morirme por nadie nunca, soy radical y egoísta conmigo mismo si me lo propongo (el arte de ser autodestructivo y tenerme como principal enemigo me permite hacer esto con cierta facilidad). En conclusión, tengo besos y abrazos contenidos, presos por falta de recepcionista y la duda de ser o no ser aquel galán mezquino (con la relación de Cami) que arriesga su orgullo.
Pd: Si tú, amable y despistado lector, estás carente de cariño y buscas un besito dulce y un abrazo cálido para calmar la carencia de cariño, con confianza, comunícate conmigo.Testimonios de un tipo que no recuerda nada y lucha por no olvidarlo todo. Rastros de un camino recorrido, historias mal contadas. Prueba irrefutable de que viví.
martes, 24 de agosto de 2010
Tengo besos y abrazos
Recuerdo cuando con Rebeca (aquel fantasma dulce que me persigue) andábamos de la mano por las calles taciturnas de Tacna; con dieciséis o diecisiete años a cuestas, bromeando de todo, despreocupados de la vida, enamorados (presiento). Cuando me desesperaba por verla los fines de semana, esto si sus padres le permitían salir a la casa de su amiga, lugar de encuentro estratégico. Recuerdo los poemas que le escribía, que le mandaba con mi pequeña sobrina al colegio (ella, mi sobrina, siempre tan tierna y servicial), las miles de cartas que intercambiábamos, los besos más profundos que recuerdo, su sentido del humor tan dulce. Recuerdo la agonía que me acompañaba de lunes a viernes, casi mortal, que se disipaba por poco al extremo de inexistente cuando la veía asomarse y verme con esos ojitos verdes con los que aún sueño. Han pasado años desde entonces y todavía hay rezagos de todo ese sentimiento inmaculado que Rebeca, mi primer amor, me inspiró durante dos años. Sofía asomó una noche de verano, rebelde y alocada, arrasó conmigo y mis prospectos como un huracán. Ella con su infinito amor por mí me conquistó irremediablemente. Sus locuras me hicieron reír y llorar de verdad y me demostró lo difícil y divertido que es la convivencia, porque paraba con ella casi todo el día: íbamos de compras juntos, dormíamos y amanecíamos juntos, intimábamos como dos viejos amantes. Los días con Sofi pasaron llenos de emociones, pasaron como aquel verano en que nos conocimos y en el cual, sin más escusas, me conquistó. Tacna me regaló estas dos historias lindas y hoy melancólicas que recuerdo con cariño. Llegué a Arequipa huyendo de una ciudad que no tenía más que ofrecerme, intentando hacerme hombre con todo lo que esto implica. Mi búsqueda de la felicidad esta totalmente relacionada a ese amor con el cual creo, sólo he coqueteado. Mi búsqueda de la felicidad y mi proyecto de vida (que es mediocre y cursi, lo admito) no ataña el acumular riquezas y tener un millón de dólares en el banco, ni carros, ni casas, ni acumular riquezas que me hagan menos humano. Quiero el dinero necesario para vivir tranquilo yo y los míos, que en verdad no serán muchos. Han pasado años desde entonces, y el tiempo ha sabido poner en mi camino chicas lindas que han cuidado de mí con esmero. Chana y Cristina, dos chicas grandiosas con las cuales, con un poco más de voluntad, hubiera podido vivir una relación encantadora. Ambas despertaron interés en mí, pero por esta abyecta manía de temerle al compromiso, no les brindé lo que se merecían. Desde que llegué a la “Blanca Ciudad”, no me esmerado por conquistar a nadie o por cumplir por lo menos medianamente, aquel proyecto de vida ligero pero añorado. Mis relaciones en Arequipa han durado poco porque yo no fui el que las escogió, porque yo no fui quien planeo un flirteo delicado y romántico, como más o menos me gusta. No me he esmerado mucho por sorprenderlas si es que a ellas las sorprendí (Chana y Cristina). Entonces, ese vacío, esa retención de besos y abrazos, esas ganas de escribir cartas de media noche a puño y letra, esos poemas que todavía no son por falta de escusa me están consumiendo y acumulándose es este pecho lampiño que casi casi, quiere explotar. Camila apareció, y como siempre, no me llamó la atención a primera vista, no me flechó con la primera mirada ni me conquistó con su sonrisa. Las cosas se dieron naturales y convirtieron el día a día del trabajo en miraditas y sonrisas cómplices y risueñas. Cami se muestra como una chica comprometida con sus ideales religiosos, los cuales respeto y hasta incluso creo plausibles por su coraje. Camila se refugia en teorías espirituales y pone barreras entre los dos. Camila y sus conceptos tienen un enamorado, un enamorado noble y pacífico que ha intentado cuidar de ellas como todo un caballero. No sé en qué momento pasó esta intención mía de un capricho a una realidad que por gallardía no puedo negar. No sé en qué momento me convencí de lo que quiero y a pesar de saber que está mal (creo), no pretendo retroceder mis tropas del terreno ganado. No sé desde cuándo pienso en Camila en algo más que una compañera de trabajo o un capricho innoble. He sido ya, sin compartir una relación con ella, un canalla que por sincero, imprudente; y cómo pocas veces, arrepentido de haber dicho y hasta incluso escrito en su contra y en contra de su enamorado que a diferencia mía, es un caballero sin despeinarse. No sé lo que pretendo, si está bien o mal que me inmiscuya en una relación que goza de dos años de compromiso, un compromiso que poco a poco viene a menos y prefiero acabe por el desgaste que por intromisiones mías. A Camila la veo frecuentemente por cuestiones laborales y sé que es difícil hacerse el loco o desprenderme de mis intenciones que no son malas, sólo impertinentes. Tengo besos y abrazos acumulados que han visto en Camila un buen puerto. Camila es una buena chica que admira a su enamorado, que se siente protegida, pero intuyo (y lo digo con humildad y el mayor de los respetos), no es la pareja que le ofrece esa relación natural y fluida que la haga enamorarse de verdad y le permita ser ella misma. Presiento que Camila se aferra como naufrago a la orilla con más resignación que empeño. Hace tiempo no me acerco a alguien, la miro a los ojos, le tomo las manos, y con nervios por doquier, le digo: “Me acompañas a estar solo” o en otras palabras “Quieres estar conmigo”. Ya me olvidé como es eso de conquistar a alguien. El altruismo dice que no debería meterme, porque sé que no me gustaría que un tercero aparezca y se lleve a mi chica (aceptando la derrota y sabiendo que ella decidió y dentro de la democracia que yo busco es válido y por demás correcto). Por otro lado una propaganda de desodorante me dice que deje de ser amigo (sólo tengo una amiga) y empiece a ser hombre. Esta única amiga me dice que en el amor y la guerra se vale todo; yo, un poco más protocolar, intento no ser uno de esos tantos robanovias de los cuales hasta yo me he quejado. Yo no voy con maldad, ni con la pierna arriba intentando hacer daño a alguien. Mis intenciones son buenas, aunque muchas me vean como un chico malo. Camila cree que yo estoy enamoradito de ella y me ve con una pena que me hace sentir subestimado. Camila cree que es mejor tratarme como amigo y alejarse con discreción, lamentablemente sólo lo cree mas no lo quiere ni lo siente, lo presiento. Yo no me muero por nadie ni pretendo morirme por nadie nunca, soy radical y egoísta conmigo mismo si me lo propongo (el arte de ser autodestructivo y tenerme como principal enemigo me permite hacer esto con cierta facilidad). En conclusión, tengo besos y abrazos contenidos, presos por falta de recepcionista y la duda de ser o no ser aquel galán mezquino (con la relación de Cami) que arriesga su orgullo.
Pd: Si tú, amable y despistado lector, estás carente de cariño y buscas un besito dulce y un abrazo cálido para calmar la carencia de cariño, con confianza, comunícate conmigo.lunes, 16 de agosto de 2010
Mi primera amiga
lunes, 2 de agosto de 2010
Contigo, no me caso
Es normal que después de un buen tiempo compartido con alguna pareja (llámese enamorada), uno empiece a enloquecer, desvariar, distorsionar las cosas. La idea de compartir con ella más tiempo, mezclado con otras hierbas, te lleva a planear un futuro por demás desgraciado e infeliz. Está comprobado que el alto índice de divorcios se debe a la tonta idea de casarse. Esa metáfora innecesaria del amor inventada por los hombres, hoy convertido en fracaso, se llama matrimonio. Yo he hablado de amor y matrimonio con enamoradas que hoy me han olvidado mucho más de lo que yo a ellas. Me han jurado un amor puro y desinteresado que hoy es recuerdo. He prometido años de mi vida junto a ellas y planeado un futuro próspero y alentador, con hijos cuyos nombres ya estaban acordados, con un perro labrador corriendo por nuestro futuro jardín, en nuestra futura casa familiar. Cuán lejos he llegado en mi imaginación, y quizá, al final incluso de mis sueños y expectativas, el divorcio avecinaba con una sonrisa insidiosa. Por lo tanto, veo en el matrimonio, una muerte anunciada y poco misteriosa. El hecho de tener un hijo requiere una responsabilidad mucho mayor que no se soluciona con una boda de esperanzas y necesidades. Por tener un hijo no significa que te sacrifiques entregando la mitad de tu libertad a una desconocida que puede aprovecharse de este recurso. Dichosos los que creen en el amor y en el matrimonio como puerto de llegada. Pues yo si creo en el amor y aunque desconfío a morir del matrimonio, no dudo que por amor, y como muestra máxima de este sentimiento traicionero, llegue a participar de una ceremonia por y para ella. Por lo tanto, el amor como ritual social para demostrar adhesión con tu pareja frente a una cantidad de personas que te permita el dinero o tu desparpajo, es una muestra noble, plausible, pero innecesaria de decir “quiero estar contigo el resto de mi vida”. Pero para llegar a este estado de locura y desesperación, hay que estar seguro de que sea así. Yo he propuesto dos veces matrimonio, ambas con poco éxito. La primera fue a mis ex – gerente (que desde luego es mujer). Cecilia es aún una mujer hermosa e inteligente, que con sus años encima, luce más regia que muchas veinteañeras. Le hice una pancarta chapucera que decía “Cásate conmigo”; detrás de mí estaban mis compañeros, como una especie de tribuna cómplice y testigo de mis devaneos. Toda esa tribuna bancaria no hizo más que hacer muestras de su desacuerdo a mi proposición, aunque contentos con mi desgracia. Cecilia vio la foto con cariño, incluso al extremo de robarle un par de lágrimas producto de su partida acelerada hacia otra agencia. Puesto que ya estaba casada denegó mi proposición y me rompió el corazón luego de su no. La verdad no hubiera funcionado, y mi cariño abundante me cegó y manipuló para llegar a tamaño desatino. Por otro lado, Cecilia tiene dos hijas buenas mozas con las cuales, un futuro no muy lejano, me puede haber guardado algún tipo de revancha. La segunda propuesta matrimonial la hice hace poco, en pleno partido de fútbol. Desgracié un polo mío, pintándolo con plumón indeleble. “Cásate conmigo Cami, (tu vas a lavar el polo)” decía en mi insigne pecho luego de meter un gol que poco sirvió porque igual perdimos. Pero mi derrota personal se produjo horas después del cotejo deportivo. Camilita, con cierta maldad en la mirada, denegó mi proposición aduciendo que a su novio no le iba hacer mucha gracia un sí. La verdad Camilita, tu novio es un gilipollas y ni cuenta se hubiera dado de que te casaste con otro e incluso, si estás embarazada. Tu negativa no fue tan sincera como la de Cecilia, estuvo maquillada de escusas y sometida bajo esa terquedad y doble personalidad que tú, mi querida Camilita esquizofrénica, gozas y rebalsas. Pero bueno, debido a cierta desagradable experiencia sufrida anteriormente, no me veo deprimido ni desahuciado. Ahora que hablo de ti Camilita de mi corazón, me parece terrible que seas víctima de esas ideas cuadradas que te enseñan en esa Comunidad Cristiana a donde acudes e incluso me invitaste. No te niego que algo bueno saqué de la charla a la que me sometiste, y de que quizá regrese porque estoy en un limbo espiritual. Pero la verdad es que no comparto muchas cosas de las que allí hacen referencia y ni de la manera en que a ti, mi dulce Cami, te lavan el cerebro. Espero que seas feliz en tu matrimonio con Kevin, tu novio impoluto que reza por ti mientras tú y yo bailábamos en una disco de dudosa reputación; lindo él. Por otro lado me parece cruel que pienses como piensas de los homosexuales, y veas con desagrado el hecho de que en la siempre revolucionaria Argentina, hayan aceptado que se casen y compartan sus derechos y obligaciones juntos. Creo que el amor de los homosexuales es un amor tan o más puro que de muchos heterosexuales hipócritas. También es cierto que creo que hubiera ahorrado muchas controversias si le hubieran puesto otro nombre en vez de “Matrimonio Gay”, ya que la palabra matrimonio tiene cierta connotación religiosa. Unión Gay o Alianza Homosexual, serían términos más adecuados; porque el tema es que ellos tengan los mismos derechos que un heterosexual, todo desde el punto de vista legal y social; la religión es un hueso más duro de roer y la verdad, no me interesa roerla. Por lo tanto el matrimonio es un gran problema producto de costumbres tradicionalistas y puritanas que no te permiten vivir tranquilo si no eres igual al resto de persona supuestamente de bien. Los homosexuales, seguro, también terminarán divorciándose a la larga y por las calles, tanto homosexuales como heterosexuales, andarán despechados. Con Cecilia, la siempre guapa Ceci, no hubo mayor decepción, está casada y con sus hijas puedo tener chance. Con Cami, la cosa es distinta, porque me enfurece saber que ella no es valiente y de que no es sincera ni con ella misma a pesar de creer que sí, y también me subleva, el hecho de tener cierta afinidad con chicas con defectos que la verdad, me alteran mucho. Yo no me caso contigo, ni con nadie he dicho, y si por ahí, el amor, traicionero sentimiento hace que me coma mis palabras, lo haré como un simbolismo personal ofrecido hacia esa chica perversa que me convenció de hacerlo, y lo haré con el mayor de los amores y será en la playa porque no pienso dejar que la gente se embriague y alimente con mi dinero producto de un capricho de aquella mujer que aún no conozco. Lo haré en una playa lejana y quizá nudista, para ver si van esos zánganos trepadores (como yo) que acuden a los matrimonios para burlarse y divertirse a cuestas de la desgracia de otros. Espero que el amor, y sus terribles destinos, no me obliguen a llegar a tal extremo. Que Dios me guarde una chica guapa y loca que sienta el amor y no intente materializarlo en ceremonias que la verdad, luego de la algarabía del momento, van a terminar decepcionándote. Si hay amor, que Dios lo bendiga con hijos sanos. Lamento informarles a los homosexuales, que por más que intenten o apelen en las cortes, no van a poder tener hijos biológicos, lo lamento. martes, 6 de julio de 2010
Carta de reconciliación
miércoles, 16 de junio de 2010
Vacaciones
miércoles, 9 de junio de 2010
Las manías del escritor
miércoles, 2 de junio de 2010
El joven rico
El joven rico trabaja en el banco pero no tiene plata.
El joven rico trabajando en el banco cuenta miles de soles pero ninguno es suyo.
El Joven rico camina como tal pero se sabe pobre.
El joven rico no tiene plata en los bolsillos pero sí en la tarjeta de crédito visa.
El joven rico es esclavo de sus tarjetas.
EL joven rico no tiene dinero para comprar un pan pero se compra una pizza. (Con visa)
El joven rico sólo tiene diez soles en el bolsillo, y después de comprar con Visa, se va en taxi.
El joven rico ha pensado en cancelar su tarjeta, pero prefiere cortarse un dedo.
El joven rico, carece de dinero, pero invita un trago.
El joven rico reza para que le depositen lo que le deben y presta dinero.
El joven rico es visto como millonario.
El joven rico tiene antojos de príncipe.
El joven rico se da más gustos que un divo.
El joven rico reniega de su pobreza pero toma coca cola todos los días.
El joven rico vota el pan a la basura y no sabe qué comer.
El joven rico se levanta al medio día.
El joven rico paga puntual sus deudas y se vuelve pobre.
El joven rico no sabe llegar a fin de mes.
El joven rico se compra sombreros y boinas que no usa.
El joven rico se hizo un préstamo para comprar una computadora y escribir su libro y para chateando y no escribe nada.
El joven rico come cosas ricas.
El joven rico por comer lo que le da la gana, no tiene ganas de comer nada en especial.
El joven rico va a un súper a comprar champú y compra medio súper.
El joven rico se equivoca y se lleva un reacondicionador y regresa al súper a comprar su champú.
El joven rico se lleva la otra mitad del súper.
El joven rico se promete ser más consiente pero nunca cumple.
El joven rico gasta cientos en tonteras, pero no hace regalos de cumpleaños a su familia.
El joven rico no escatima en gastos, por lo menos, no antes de gastar.
El joven rico roba internet de la dueña de la casa.
El joven rico siempre usa perfume.
El joven rico no siempre se baña.
El joven rico paga menos en las combis.
El joven rico tiene lástima de los mendigos.
El joven rico cree que terminará como uno de ellos.
El joven rico no da limosna.
El joven rico se queja de su trabajo.
El joven rico quiere ganarse la lotería para dejar de pensar en sus deudas y dejar de trabajar.
El joven rico teme que lo boten de su centro de labores.
El joven rico tiene deudas que nunca acaban.
El joven rico es un moroso morboso.
El joven rico es morboso pero no hermoso.
El joven rico quiere el dinero de la lotería para ponerse hermoso.
El joven rico sabe que billetera mata galán.
El joven rico no gastaría ni un sol en un prostíbulo.
El joven rico no irá al prostíbulo porque no tiene ni un sol.
El joven rico come lasaña varias veces al mes.
El joven rico a veces no almuerza, pero quiere comer lasaña.
El joven rico se prepara avena con leche.
El joven rico se fríe huevos.
El joven rico come muchos embutidos.
EL joven rico caga poco.
El joven rico se ha vuelto un moroso conchudo con la vida.
El joven rico también es ruco.
El joven rico es un puto y no cobra.
El joven rico toma cocoa con maca y no pasa nada.
El joven rico recibe llamadas de conocidos para que les preste dinero.
El joven rico es hipocondríaco.
El joven rico no gasta ni un centavo en su salud.
El joven rico trata de ser honesto con la gente pero siempre es deshonesto consigo.
El joven rico tiene más deudas que amigos.
El joven rico es mirado con envidia.
El joven rico tiene pensado suicidarse y matar con él sus deudas.
El joven rico es pobre pero no suicida.
El joven rico come poco, rico a veces, pero nunca engorda.
El joven rico lee mucho pero no estudia nada.
El joven rico es visto como un zángano con suerte por sus familiares.
El joven rico es un zángano con suerte.
El joven rico se burla de la vida.
El joven rico siente que la vida se le escapa.
El joven rico quiere morir endeudado y reírse mucho porque sabe que existe un seguro de desgravamen.
El joven rico cree que el dinero corrompe.
El joven rico no quiere corromperse pero si tener dinero.
El joven rico quiere tener dinero pero no ser millonario.
El joven rico no quiere tener hijos porque no quiere privarlos de nada.
El joven rico no tiene proyecto de vida.
El joven rico siente que la vida no le tiene proyectado nada.
El joven rico no es tan rico.
El joven rico es pobre.
El joven rico es feliz de ser un cabrón suertudo.
El joven rico sabe que la suerte se le va a acabar.
El joven rico sabe que lo quieren y no hay interés de por medio.
El joven rico es un hombre feliz.
El joven rico no puede comprarse una bata.
El joven rico no puede comprarse pantuflas.
El joven rico tiene una estufa.
El joven rico quiere ser escritor.
El joven rico es un pobre escritor y se morirá de hambre por eso.
El joven rico tiene visa para un sueño y visa para comprar.
El joven rico quiere ayudar a la gente.
El joven rico no recibe ayuda de nadie.
El joven rico reza en las noches.
El joven rico está agradecido con aquel Dios misterioso.
El joven rico se ríe de la pobreza pero duerme con ella.
El joven rico, con el paso del tiempo, con deudas y antojos, con gustos y disgustos, se hace un viejo pobre.El joven rico, cierra los ojos, y se caga de risa.
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