Testimonios de un tipo que no recuerda nada y lucha por no olvidarlo todo. Rastros de un camino recorrido, historias mal contadas. Prueba irrefutable de que viví.
lunes, 31 de agosto de 2009
Remembranzas y novedades
martes, 25 de agosto de 2009
Niña vieja
Está inmensa, grandota, una señorita buena moza y guapetona. Asiste a todos los quinceañeros (que ocurrentemente llama quinos) que hay en esta agitada ciudad. Asiste a concursos de belleza en calidad de público por ahora, porque a futuro y según sus predicciones no muy desfachatadas, ella será la reina de belleza en los próximos años librándonos de las últimas candidatas que no están a la altura del concurso. Me enseña sus invitaciones para las fiestas; los pases, las parafernalias de los cumpleaños a los que asistió. Todas las tarjetas de invitación que tiene son novedosas, creativas, lindas; no como las de mis épocas que parecían de bautizo: plateadas y con escarcha. Usa un cerquillo medio “punk”. Flaca, patilarga, con aires de princesa. Habla hasta por los codos, repitiendo palabras inusuales e irreverentes; con aspavientos energéticos y novedosos. Chatea sigilosamente, a la defensiva, no queriendo que se inmiscuyan en sus conversaciones de púber rebelde. Tiene catorce años y una vida social envidiable. Mi princesita ha crecido como las flores en primavera y a una velocidad incontenible; es una señorita remilgosa y guapetona. No le interesa reprobar matemática ni biología a pesar de que su mamá enseñé ese curso en otro colegio; a ella le interesa estar lista en la próxima temporada de verano para bajar a la playa con un millón de kilos de pintura, betún, harina y cualquier menjunje que garantice humillar al enemigo. No tiene bandera, ni partido político, ni le interesa; se junta con chicos y chicas de otros colegios, de otras promociones, haciendo de las rivalidades tontas un buen grupo de amigos. Viste lindo, me habla del tecktónic y electropop (bailes de moda), sonriendo sin complejos ni problemas. Tiene su cuarto desordenado pero las ideas claras. Cuenta sus anécdotas con una chispa única mientras pienso que el tiempo es cruel y ya estoy viejo. Quiere pintar la puerta de su habitación de blanco para rayarla toda. Quiere un iphone a como dé lugar y no sabe que haría con él. No usa tacos porque los chicos le llegarían al cuello y no pretende incomodar a nadie, menos a ella. Juega fútbol en su colegio y es arquera por protestar contra la anterior que no paraba ni un taxi. No para en la casa y cuando lo hace, todo el mundo se da cuenta. Es alegre, callejera y loca como antes yo lo había sido, aunque no tan loca. De bebé me decía maestro. Mi princesa a crecido y yo gozo viéndola fresca y feliz; gozo como su tío, como su compinche, como su súbdito. Mi princesa ya es una reina y su reinado es eterno.
miércoles, 29 de julio de 2009
Las muertes que vivo
“Estas ganas de suicidarme me están matando”. Y aunque esto no es una tentativa seria, pasa por mi cabeza la idea sorpresiva de ir al más allá, a un mundo desconocido y quizá inexistente; de cruzar la gran puerta, seguir la voz y darle fin a este círculo vicioso llamado vida. Si me quito la vida no sería por cobardía, no sería por temores, depresiones, mal de amores. La razón que me empuja a realizar tan cuestionada acción, tiene un pretexto menos honroso y más cercano a mi realidad: flojera. Aún soy joven, aún tengo un futuro por delante, miles de oportunidades regadas por mi camino incierto y peligroso. Y es por eso, por no recorrerlo, porque soy joven y aún no he tomado ninguna decisión que afecte el destino de otras vidas, porque no he pensado nada que tenga que terminar obligatoriamente, es que pretendo terminar con mi historia. No me he casado, no tengo hijos, no hay nada que interfiera mi inquietante idea de ponerle fin a todo. No hay nada más que ideas moralistas y costumbristas con las cuales nunca me he identificado. Ahora vivo solo, podría tomarme el tiempo, las molestias necesarias para borrarme del mapa y terminar con mi vida. El problema es encontrar la manera adecuada, la forma más romántica, literaria, trascendental de dejar mis restos, mi cuerpo inerte. El problema de desaparecer es cómo. Intentaría ahorcarme, flotar en el centro de mi habitación, con una soga rodeando mi cuellito delgado, dejando el cuerpo colgando, balanceándose, vestido de gala, con un vodka derramado por ahí y una nota que diga: - “Perú nunca llegará al mundial. Así no vale la pena vivir. Gracias Burga.”- y así no sólo dejar un cuerpo miserable sino también, un culpable aun más miserable. Debería pero no hay de donde colgarme en mi habitación y temo no funcionaría. Podría agenciarme una pistola, mejor un revolver, uno plateado; meterlo en mi boquita y apretar el gatillo, dejando así que la sangre inunde mi alcoba y en medio mis restos. A diferencia de la primera forma de morir, encontrarían mis restos en minutos por el ruido del proyectil y además perforaría mi cuerpo y pretendo lo encuentren no mas dañado de lo que está. Este lo dejaría con una nota que diga: - “Me faltaron tres números para ganar la lotería.” -. Podría conducir ebrio y estrellarme con un poste, el problema no sería tanto dañar mi físico, sino también el hecho de que no sé conducir, no tengo carro y que no encontrarían la nota que diría: - “Mi jefe me dijo que no servía para nada, que era un cachorro, que era un inútil; tiene razón” -. Podría intentar cortarme las venas, pero no soy diestro con los cuchillos, y podría hacerme daño; ni tampoco hábil cortando cosas, por otro lado, esperar la muerte desangrando debe ser bien aburrido. Lo haría dejando un escrito que diga: - “No sirvo para el sexo, no complazco a nadie, no se me para” -. La forma más tentativa es de hecho, con una sobredosis de pastilla, un ataque cardiaco fugaz, un envenenamiento eficaz y poderoso, que no tarde más de cinco minutos y me someta a la muerte sin aspavientos. La nota diría: - “Lo hice por amor…a mí, quien nunca me correspondió” -. Cual fuera la forma, el método, la circunstancia; dejaría mis papeles regados, mis poemas perdidos, mis frases poco célebres, mis memorias. Dejaría un cuerpo consumido por el desgano. Dejaría en el aire un montón de sueños incumplidos, pero no necesarios; besos pendientes y palabras que no pude decir a tiempo. Un testamento ligero que consignara claro y preciso: - “Dejo mi amor eterno a mi madre; mi cariño sincero a mis amigos; mi gratitud a las mujeres que amé y me amaron; mis deudas (que no son pocas) a mi padre, que presiento me adeuda mucho más que eso.” -. Mi entierro debe ser rápido y sencillo, con mucha música de Fito Páez y Queen, sin arreglos florales y con todos los presentes (que no deben de ser muchos) vestidos de blanco y con lentes oscuros. No lágrimas, no lamentos, no penas. En mi epitafio debe decir: - “Aquí sigue descansando el buen Leo, que no escogió su destino pero si su final.” –Y en vez de imágenes de angeles y querubines, los Simpson. Me imagino muriendo por diferentes métodos, intentando huir de todo. Me imagino lo arduo que debe ser todo, lo cansado que terminaría. Entonces me da flojera, y decido vivir. martes, 21 de julio de 2009
Imprudencia
jueves, 14 de mayo de 2009
Soy una nena
miércoles, 22 de abril de 2009
Cantante frustrado
miércoles, 15 de abril de 2009
Amores que no son
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