Le han tocado la puerta de la
casa muy temprano, como todos los domingos. Kevin se ha levantado de un salto y
se ha puesto las goleadoras para la pichanga de los domingos, con la gente de
su barrio. Mientras camina a la canchita de fútbol a unas cuadras de su casa,
lee una y otra vez el mensaje que Fabiola le envío la noche anterior: - “Me
encanta como bailas” – dice de manera escueta. Pero Kevin lo lee varias veces,
como intentando descifrar algo, como queriendo estirar aquel mensaje nocturno. Sus
amigos lo saludan. Se arman los equipos, se pacta la apuesta, comienza el
partido. Kevin ama el fútbol, corre por su sangre morena la ilusión de ser
descubierto. Ahora no espera ese golpe de suerte, de ser visto por un caza
talentos, de llegar a ser profesional. Lo que él desea con todo su corazón, es
que Fabiola lo vea, dedicarle un gol, respirar nuevamente el aroma de sus
cabellos rubios. Fabiola a esa hora se encuentra durmiendo en ropa interior,
todavía con el ligero maquillaje que ha utilizado la noche anterior, envuelta
en sus sábanas moradas, sin intenciones de salir de su cama. Se despierta por
el ruido que provocan unos niños al costado de su casa, donde realizan recepciones
y eventos sociales, los quiere matar uno por uno. Sabe que no podrá dormir
nuevamente, que su sueño se ha visto interrumpido y debido a que no tomó mucho
la noche anterior y no es víctima de la resaca, ha decidido ir al gym, hacer algo productivo por su vida. Se cambia rápidamente, sin bañarse, es domingo.
Sube a su lindo carro rojo, el cual huele riquísimo. Pone primera y arranca despacito. Prende la radio y suena la
canción que bailó la noche anterior, una de la Charanga Habanera. Recuerda
todo: a sus amigas borrachas, Kevin y
los peloteros, la pierna amiga entre sus piernas, su oreja siendo mordida por
el chibolo picarón. Se ríe ruborizada mientras el semáforo la de tiene en rojo.
– ¡Ay Fabiola, ay Fabiola! – se reprende. Juró no meterse con más gente de su
trabajo, sobre todo de su oficina, sabe que es un gran problema. Ella siente
que ya ha superado ese tipo de incidentes y si tiene algún tipo de affaire debe
de ser con la absoluta discreción del caso, sin muertos ni heridos, cosa que no
pasa en su trabajo, donde todos bailan
al son del chisme mal contado. Entonces él piensa en ella, desde la canchita
de su barrio, donde se luce con su quimba y su regate. Entonces ella piensa en
él, confundida, complicada; haciendo la misma rutina de siempre, conversar por
teléfono, escuchando música, mientras los pocos chicos que se han levantado un
domingo y han ido al gym, le miran el derriere. Kevin quiere responder el mensaje, preguntarle
cómo amaneció. Fabiola quiere morirse, no quiere verlo el lunes en la oficina y
sabe que lo mejor es hacerse la loca, como siempre, el tiempo olvida. Kevin
está planeando decirle para ver una película, invitarle un roncito. -La gringa
debe de ser polla – piensa. Fabiola llama una por una a las borrachas de sus
amigas, intentando saber si están bien. Un par de ellas han amanecido en casas
que no son las suyas. – Que pedacito de putas – dice en voz baja. Kevin la tiene
clara, "la Fabiola" le gusta. Fabiola no entiende nada, ese mocoso está para el
recreo, algo del momento, sin comentarios posteriores. Kevin por fin piensa en
otra chica que no sea su ex enamorada, con la que pasó los últimos cuatro años
sacándose la vuelta una y mil veces el uno al otro. Fabiola recibe una llamada
de su ex enamorado, el que pudo ser sin duda el padre de su hija, esa que añora
tanto su mamá, y no fue simplemente porque ella es así: se aburre, se asusta,
se protege; no lo sabe bien, sólo regresa a su amada soledad. Kevin se siente
ilusionado, con ganas de demostrar que puede ser un tipo interesante. Fabiola
se siente algo borracha, amenazada, con dudas, con temor a su presencia y a lo
que pueda ocurrir. Mañana será lunes, lunes otra vez, y se verán nuevamente las
caras.
Testimonios de un tipo que no recuerda nada y lucha por no olvidarlo todo. Rastros de un camino recorrido, historias mal contadas. Prueba irrefutable de que viví.
miércoles, 29 de abril de 2015
lunes, 23 de marzo de 2015
I.- Me encanta como bailas
A mis treinta años siento que he
vivido bien. Soy una mujer realizada, independiente. Trabajo en un banco donde
he sabido resaltar no solo por mis piernas. Con más de nueve años laborando he
encontrado cierto grado de estabilidad a pesar de las envidias. Jamás pretendí
ser una santa. Me he tirado un par de canitas al aire, y algunos compañeros
también. Pero siempre he tenido el buen tino de escoger a mis cómplices de
momento, con los que comparto un buen vino, un buen rato y ya. Nunca he pensado
en ser mamá o tener una familiar, quiero disfrutar un ratito más de los bueno
de la vida. Mi madre, que reza incansable por mi bienestar, está pidiendo una
nieta linda como yo. Lo que no sabe es que en mi plan de vida a corto plazo,
busco algo que no sea nada corto ni delgado, quiero algo que me llene de
verdad, busco vivir. Todo estaba bien hasta que llegó a la agencia en que trabajo
Kevin, un chico de sonrisa fácil, coqueto él. Con toda esa pinta de peloterito
de Alianza Lima, fue ganándose espacio en la agencia, destacando por sus
ventas, por su buena onda. El mocoso ése con veinticinco primaveras reguetoneras
se metió media oficina en el bolsillo a punta de buen humor. Desde el principio
me di cuenta que con discreción me mirada el poto al pasar, que se acercaba con
cualquier excusa a mi oficina sólo para conversar un ratito. Aquella noche en
la discoteca, en una de esas reuniones laborales, el muy atrevido se animó a
sacarme a bailar una salsita, quizá creyendo que no me iba a defender. Se llevó
una gran sorpresa al ver que esta gringa sofisticada tira su rico dance, que
trae el sabor en las venas. Ese fue el momento donde quedó prendado, donde se
llevó el olor de mis cabellos rubicundos hasta su propia almohada donde empezó
a soñar conmigo. Debo admitir que el chico bailó muy bien, y un chico que baila
bien, para bien o para mal, siempre llama la atención. Ayudados por la rutina
empezamos a conversar un poco más, a almorzar juntos en la oficina con los
muchachos. Él siempre riéndose de mis chistes, prestándome una atención
particular. Yo haciéndome la rica, arreglándome el cabello, metida en mi
celular y en mis conversaciones triviales. El mocoso me empezó a llamar los
fines de semana, preguntándome por los planes que tenía. El muy vivo sabía de
mi independencia, de que vivía sola, había escuchado de algunas aventurillas
que había tenido por ahí (claro, siempre sin confirmar) y se ofrecía de manera
muy sutil a ser una de ellas. Yo siempre he tenido un as bajo la manga, algún
amigo cariñoso que entiende mis códigos y se preste para romance sin
compromiso. Un fin de semana cualquiera salí con las locas de mis amigas, todas
regias y alborotadas nos fuimos a tomar unos piscos sours a un huequito que me
encanta. Con dos vasos ya bailábamos bachata apretaditas. Nos fuimos al
salsódromo del centro bien entonaditas. Él estaba ahí, y me vio a penas entre
al local. Parado con unos amigos en la barra no me quitó los ojos de encima y
se acercó algo dubitativo al rato, se aproximó con todo su equipo de fútbol. Me
sacó a bailar, sentí su mano apretando mi cintura, su respiración en mi cuello.
Me cantaba las canciones al oído el muy vivo, y yo cerraba los ojos. Su pierna
entre mis piernas, como buen salsero, moviéndola con ritmo. Primera vez que
sentí al muchacho como un hombre. Kevin aplicaba sus mejores pasos de baile, intentaba
sorprenderme, como el chibolo que es. Me mordió la oreja, me dejé. Sentí un
bulto elevarse entre paso y paso de baile. Nuestros cuerpos bailaban salsa,
pero pedían reguetón. Mis amigas estaban aburridas, no eran hinchas de ese
equipo de fútbol con los que había venido. Me llevaron al baño, querían ir al
local de la esquina donde tocaban música electro y se horneaban gratis. Me fui
con ellas, sin muchas ganas de irme. No me despedí de Kevin, sólo le mandé un
whatsapp que decía: me encanta como bailas.
lunes, 16 de marzo de 2015
El sueño de las letras
Alguna vez lidié con la loca idea de vivir de las letras, de vivir
de mi imaginación perturbada, del ocioso arte de escribir. Desde muy pequeño,
desde mis épocas más tiernas, me entregué a unos versos confundidos escondidos
en un cuaderno rojo que todavía guardo con la inútil esperanza de que en un
momento póstumo, sean más que recuerdo. Allá, en el lejano dos mil siete, cuando
era flaco y en el amor creía; inicié la recapitulación de mis historias
entreveradas, de la remembranza irónica y desordenada que almacenaba en mi
cabeza. Mis aires de escritor se afianzaron cuando un años después, por el dos
mil ocho, decidí escapar de casa y vivir solo, con la idea de dormir en un
colchón alojado en el piso, de almohadas mis libros piratas, libros que todavía
cobijan mis sueños extraviados entre sus párrafos. Caminaba muchas cuadras para
cortar la peluca rubia que llevaba en la cabeza, tratando de dar forma a mi
bisoñé bohemio, de izquierda a derecha, cubriendo mi frente, al mejor estilo de
Bayly. Y es que leía todos sus libros, miraba todos sus programas. Me parecía
genial la idea de ser como él. Sentarme dos horas, hablar de mí, siendo yo la
noticia y teniendo mis propias exclusivas. Burlarme de todos, especialmente de uno.
Decir un par de estupideces que diviertan a la gente y dormir hasta las tres de
la tarde todos los días. Todo este círculo vicioso estaría mantenido por un sueldo
nada despreciable que seguiría alimentando esta rutina fascinante. ¡Yo quería
ser como Bayly! Y en innumerables ocasiones he recibido el comentario halagador
de imitarlo muy bien. Entonces me dediqué a mal alimentar mis ganas de vivir
fácil, de ser el centro de la atención y de vivir de mi propio escándalo. Escribí
de manera afiebrada muchos años. Con el transcurrir del tiempo, este interés de
ser escritor pasó a segundo plano y la terapia sanadora de contar mis cosas y
burlarme de todo fue ganando terreno. Escribí sobre la rutina, lo cotidiano.
Escribí sobre varias amantes furtivas que recapacitaron en su idea de compartir
fluidos. Escribí sobre algunos amores que no prosperaron. Sobre el fútbol.
Sobre Dios. Sobre mi Madre. Ahora, tras haber recorrido varios caminos que
llevo en mi interior, he perdido el rastro de ese sueño infausto de ser escrito
y dedicarme a las letras. He perdido en ese camino azaroso la pluma mágica del
delirio y la brújula pícara de los recuerdos valiosos. Ya no seré como Bayly,
estoy convencido. Pero algunos párrafos afortunados encontrarán asidero en el
tiempo. Soy un muchacho frustrado por mil razones, una más será las ganas de
escribir aquel libro soñado, leído, expuesto en alguna vitrina de cualquier
librería en la sección de oferta por sus minúsculas ventas. Mi baúl de los
recuerdos ha sido saqueado por el tiempo y todo está desperdigado. Hago honor a
las memorias de un desmemoriado, ya sin ningún afán sádico de por medio. No sé
si baste para complacer la vanidad encomiable que albergaba mi corazón por
dejar algo antes de partir, pero me divertí mucho en el intento de ser
importante a mi manera. Saldré a caminar más, me esforzaré por grabar momentos
nuevos y me esforzaré el doble por recordar algunos otros. Compraré un boleto
al mundo de las letras y ultrajaré algún libro inocente. Todo por ser ese
personaje antojadizo que quise ser con poco éxito. Hoy empiezo la vigilia por
encontrarme. Buscaré a Bayly en los libros y en la tele. Quizá me
encuentre un poco a mí.
jueves, 12 de febrero de 2015
La ventana mojada
Como kamikazes golpean una y otra vez las gotas
suicidas mi ventana, de rato en vez con furia denodada. El sol ha perdido
protagonismo y se solapa tras nubes negras que han invadido el cielo de la
ciudad. La tarde invita a refugiarnos en el calor hogareño de nuestras sábanas
ya no tan blancas, y un café caliente sin ningún percance nos puede acompañar.
Afuera todo está mojado, todo está gris y me gusta un poco. Recuerdo claramente
mis primeros años en el departamento, desde el cuarto piso, observando todo sin
moverme. Una estatua desde la ventana mirando llover sobre mojado, las calles
hechas riachuelos y la gente apresurada buscando refugio. El frio también ha
ganado terreno en este verano raro al que está acostumbrada esta ciudad
orgullosa. Puedo dormir todo el día sin distinguir la mañana de la noche. Si es que el clima influye
verdaderamente en el ánimo de las personas, este tiempo lúgubre me invita a
recaer en sanas viejas costumbres apegadas a las letras, a esa melancolía
necesaria para ver la vida de otra manera, para revisar lo pendiente, para
deprimirse un poco, para escribir. Afuera en el ambiente todo es gris, las
nubes llegan cargadas de amenazas de aluvión. Pero no hay mal que por bien no
venga. La naturaleza es sabia y toda esta ola de frio y lluvia pone el cielo
gris pero al llano, por donde nos olvidamos que transitamos diariamente, las
cosas mejoran, las plantas se empachan de energía y el verdor de los paisajes
gana fuerza. Las represas de la ciudad se abastecen para los meses venideros.
Mientras todo actúa de manera natural allá afuera, yo abrazo mi almohada,
viendo todas las películas que encuentro. De rato en rato le pregunto a Dios
qué pasa si no salgo de mi cuarto, si no voy a trabajar, si cumplo mi sueño
ermitaño de guardarme en mis aposentos y vivir de mis propias costumbres. Le
pido a Dios una razón que justifique mi asistencia al trabajo. Entonces, el
viento sutilmente golpea mi ventana, traslada las nubes grises sobre mi casa.
Un susurro lejano pero claro me responde: ¡porque eres pobre animal! Entonces
me siento privilegiado de mi ausentismo de la sociedad, porque veo las cosas
más claras, porque a este paso podré rozar la sabiduría negada en un par de
semanas. La lluvia me invita a salir a caminar, como a mi me gusta. Bien
abrigado, con un saco que me dé ese aire de escritor extraviado. Con una
chalina que abrace mi cuello dándome aires de conocedor del mundo. Con aquellos
lentes de descanso que nunca utilizo, ni cuando estoy cansado. Con un cigarro
que seguro me mareará. Salgo con ganas de caminar sin rumbo, de mojarme un
poco. Pero es imposible, las calles son ríos. Puedo morir ahogado en el intento
y todo pasa por mi cabeza mientras me ubico frente a mi ventana, donde el
tiempo no existe, donde me he perdido tantas veces. Desde donde mentalmente
escribo todas estas palabras extraviadas. Todo transcurre mientras allá afuera,
sigue lloviendo sobre mojado, como canta el buen Fito.
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Sin rencores baby
Poco hombre, eso eres. Crees que
no le haces daño a nadie y juegas con todo el mundo. Claro, te escondes tras
esa sonrisa burda, tras esos modales que te inventas para quedar bien.
Acostumbrado a cumplir tus caprichos, con tus aires de príncipe miserable,
dueño de la situación. Vives solo, y te crees autosuficiente. Manejas un carro
viejo y crees que todos quieren subir a acompañarte escuchando esa música
aburrida que escuchas, esa música que nadie aguanta, como a ti mismo. Vives en
una zona privilegiada de la que en cualquier momento te botan. Te crees el leído,
el culto, el ser superior. Porque haces los mismos pasos de baile hace varios
años crees que bailas como nadie y porque el cabello se te esponja crees que no
se te nota la calvicie. Hasta cuándo crees que podrás engañar a toda esa gente
que te mira de lejos como si fueras un extraterrestre. Porque trabajas en un
banco ganando dinero para repartirlo por el mal manejo que sigues teniendo de
tus peculios crees que todo tiene precio y te das los gustos de divo falso.
Juras que estás en el top tres de todas tus relaciones y que ninguna de las
chicas con las que has estado te ha olvidado del todo. Vanidoso como nadie, con
una humildad mentirosa. Egocéntrico asqueroso, el mundo jamás giro alrededor
tuyo. Quieres vestirte diferente y la mayoría de las veces terminas como
payaso. Un problemas psicológico, eso tienes mal hombre. Quieres llamar la
atención de todo el mundo para darte cuenta que estás ahí, que existes. Has
tenido el privilegio de andar con chicas guapas, bonitas. Muchas de ellas
ideales para casarte, para ordenar tu vida, para tener algo tangible por lo cual
pavonearte, por lo cual creerte; pero ni eso. No supiste aprovechar la suerte
que te acompañó. Y sigues haciendo lo mismo maricón de mierda. Sigues
mostrándote lindo, amable, educado. Todo hasta que te aguanta la paciencia,
hasta que te aburres de la situación como si fuera una película vista mil
veces. Ahí, en ese momento de la verdad, te muestras como la basura que eres,
como el escarnio de persona que en verdad eres. Pero sabes, todo da vueltas,
todo se acaba. Ya tus tácticas son obsoletas. Ya tus ganas son menores. Ya tus
fuerzas han mermado. Ya no eres el tipo interesante, has perdido factor
sorpresa. Todos saben de tu fama de gigoló trucho, de trepador de piernas, de
galán ardilla. Nadie se atreve a quedarse con el paquete en que te has
convertido. Y no te digo todo lo que te digo por encono, por bronca, por
venganza o despecho. Te digo esto porque en algún momento confuso te quise y
siento la ligera responsabilidad de intentar hacerte abrir los ojos, de decirte
la verdad para ver si en ese cerebro vanidoso y egoísta alguno de tus
personajes patéticos logra captar la idea y jubilarte de esa vida mundana, de
esas costumbres insanas que te hacen el tipo más enfermo que he conocido. Y
ahora que estamos en el momento sincero del día, déjame acotar que tus chistes
no me daban risa, que besabas fatal, babeándome toda. Que tenía que aguantar
tus movimientos raros cuando querías parecer un actor porno. Que me aburrías y
que la tenías chiquita. Espero tomes a bien todo esto porque no es por maldad.
Por lo menos que te dignes a leer esta misiva. Si por ahí todavía te alcanza la
suerte y logras conseguir a alguien que te quiera, así no sea la que buscabas,
así no esté a la altura de tu linaje perverso y etéreo, sientes cabeza y te
dejes querer. Porque sabes, eso es lo que te falta, cariño. Serás víctima de
tus propios actos, de tus propias decisiones. Y reza porque el karma sea un
mito, de lo contrario te tocará sufrir los años que te queden. Príncipe de la
nada, en tu reino te quedarás solo. Anda preparando tus memorias, para que en
un silencio mortuorio, leas despacito lo que hiciste y entiendas, el porqué de
tu abdicación.
jueves, 13 de noviembre de 2014
Lunes por la noche
Lunes, once y cuarto de la noche.
Sigiloso, entre la penumbra, la oscuridad de la noche me acerco a la ventana y
observo con cuidado de un lado a otro. La calle, alumbrada todavía por luces
tenues se presenta tranquila, aparentemente inofensiva. Con la mirada paseo una
y otra vez la acera, los árboles, los matorrales de la plaza que se ubica
frente a mí. Yo no me fio, no pretendo desaparecer del mapa de manera tan
tonta, de tirar a la basura todo este tiempo de sosegada sobrevivencia.
Entonces me animo, creo que la situación allá afuera, donde sigo pendiente de
lo que pueda pasar, es manejable. Tomo la bolsa negra, la sujeto fuertemente
porque se presenta pesada. La tomo con cuidado porque no quiero que se me
caiga, no quiero hacer ningún tipo de ruido que pueda costarme la vida. Abro
cuidadosamente la puerta, sin prender ningún tipo de luz. Inmediatamente la cierro
sin echarle llave. No quiero correr el riesgo de que ante cualquier improvisto
pierda tiempo vital intentado abrir la puerta en búsqueda de un día más de vida,
de una oportunidad. Son cuatro pisos hacia abajo. Hay un silencio que siempre
es engañoso, del cual he aprendido a no fiarme. Tomo con cuidado la bolsa
mientras bajo las gradas atento a lo que pudiera suceder. En mi bolsillo tengo
un cuchillo de mediano tamaño que puede ser mi único aliado en caso de un
ataque, en caso vea a uno de esos pútridos seres irracionales. Ya estoy en la
primera planta. Los autos empolvados en la cochera me permiten resguardo
mientras en silencio doy un último vistazo a la situación. Lo que me separa de
la intemperie de la calle es la reja que permite la salida de los vehículos.
Una puerta de metal que me mantiene bajo resguardo. Luego de esperar unos
minutos, y estar completamente seguro de la acción a seguir, procedo a abrir la
puerta metálica, dejándola junta, lista para ser empujada y sometida a favor en
caso reciba un ataque inesperado, en caso de que mi vida corra el riesgo de
convertirse en un andar irracional. Cruzo rápidamente pero sin correr. Dejo la
bolsa negra de tamaño regular junto a las demás bolsas. La dejo sin arrojarla,
para que no haga ruido, pero tampoco la acomodo. De pronto entre los arbustos
presiento un movimiento y mi corazón late con fuerza. Mi sistema de alerta se
ha activado y tengo en el bolsillo el cuchillo listo para salir a mi rescate.
Al destinar mi mirada al matorral sospechoso, veo a un felino huir despavorido
hacia la oscuridad de la noche. Seguro muriendo de hambre ha salido en busca de
sustento y al igual que yo, el miedo le ha vencido y ha decidido resguardarse.
A lo lejos y entrando de manera amenazante advierto un auto a toda velocidad.
Inmediatamente me ubico detrás de un árbol que me cubre de cuerpo entero y veo
pasar embalado el vehículo blanco de luces prominentes. Ya no se puede confiar
en nadie, ahora los vivos también son peligrosos, también son una amenaza. Lo
peor es que con las luces y el ruido prominente
del vehículo, ha podido atraer a más de un indeseable, a más de uno de
esos seres como carne, a uno de esos hambrientos individuos que no piensan en
nada, que solo desean hacerse de mis vísceras, de mis carnes. Que solo desean
saciar su apetito irracional. Uno de esos caminantes asquerosos a los cuales
estoy dispuesto a clavarles mi cuchillo. Claro, siempre en la cabeza, porque es
la única manera de apagar ese motor mortal que los tiene caminando de un lugar
a otro, sin saber a dónde van, pero con el único propósito de alimentar su
hambre asesina. Corro, ahora si corro hasta la puerta que dejé entre abierta.
La cierro con cuidado para no hacer ningún tipo de ruido. Apago cualquier tipo
de luz y subo a velocidad hasta el cuarto piso donde he tenido a bien
sobrevivir todo este tiempo. Llego a la puerta que habilita mi resguardo y la
abro en un segundo porque tengo la llave lista. Apago las luces. Me ubico en la
ventana nuevamente y veo que la tranquilidad todavía no se ha interrumpido.
Camino hasta mi habitación con la confianza de que lo peor ha pasado. Entro en
mi cuarto, siempre a oscuras. Cierro la puerta con seguro y tras ponerme el
pijama y acurrucarme entre las sábanas, llego a la conclusión de lo peligroso
que es sacar la basura ahora, de lo complicado que se ha puesto sacar la basura
los lunes ahora, y de lo jodido que me pongo después de ver con afán religioso,
la serie de los caminantes los lunes por la noche.
domingo, 5 de octubre de 2014
Vota por mí
Primero quiero que conozcan mi innegable
admiración, fascinación y cariño por esta ciudad. Mi denodado interés por
quedarme a disfrutar de ella durante muchos años y sobre todo, el hecho de
aceptar sin egoísmo alguno, que es la ciudad más linda y colosal de todo el país.
Mi deseo de colaborar con su desarrollo y mis ganas de colaborar con mi granito
de arena como agradecimiento. Dejando en claro todo lo antes mencionado, quiero
invitarte a que me des tu apoyo, a que nos demos la oportunidad de contribuir
al cambio, a que juntos encaminemos un futuro glorioso y lleno de optimismo
para esta ciudad mágica, única. Que tú y yo seamos participes activos y
latentes del cambio y la prosperidad. Por eso, este domingo electoral, o cualquier
otro del año, vota por mí. Mi partido, fundado hace un par de minutos con miras
hacia la eternidad, se denomina “Un
Movimiento Sensual: Sexy.” Tenemos una
mirada futurista e incorruptible que apunta de manera literal hacia lo más
alto. A continuación, te invito a escudriñar algunas de nuestras propuestas: Si
me escoges como autoridad para nuestra ciudad, “prometo” erradicar para futuras
campañas o comicios electorales, el empapelamiento de la ciudad con
afiches políticos (llámese pancartas,
letreros, caravanas y/o marchas estruendosas con arengas políticas).
Invitaremos a todos los candidatos (para que no crean que limitamos la
democracia, solo le ponemos orden) a realizar sus diversas campañas en sus
propios locales y/o zonas establecidas, para que cualquier partidario dé sus
ideas y proyectos las veinticuatro horas del día si desea, invitando a sus seguidores
y curiosos a que se acerquen a escuchar sus propuestas y no me estén
contaminando las calles con sus caras feas y sus mentiras escandalosas. Si me
brindas tu apoyo “prometo” establecer una Ordenanza Municipal que sancione a
los malos vecinos que arrojen basura a las calles. La sanción podrá ser
aplicada desde un mañana de limpieza en su distrito, hasta cadena perpetua
según la contundencia y tamaño del sólido que haya arrojado en la calle.
También mi queridos amigos, “prometo” que se procederá a estandizar el cobro de
las coimas policiales en temas de transporte, siendo estas menos generosas para
las combis y/o ómnibus que presten servicio público. Estas coimas estarán
sujetas al cobro de una comisión municipal para el mejoramiento de las vías
públicas. En nuestra gestión, “prometemos” crear un sistema vial que permita
una adecuada forma de transporte entre los diferentes distritos de la ciudad.
Estos buses denominados “Llegaremos juntos” presentarán las condiciones que Uds.
queridos amigos merecen. Ofreciendo un área especial para el punteo y acoso
sexual (pensando en aquellas féminas que lo necesitan y en los caballeros que
están dispuestos a colaborar). En horas punta se dispondrá medidas que permita
que más pasajeros puedan ir colgando del vehículo y se firmará un cuerdo
especial para que se pueda acumular kilómetros Lan Pass por el uso de este
servicio. “Prometemos” a toda la ciudadanía, solucionar el tema del agua
contaminada que venimos consumiendo. Primero dando una fecha límite para una
solución y segundo interponiendo una denuncia contra la empresa de servicios
que servirá para que Uds. no paguen por los meses en los cuales se vieron
perjudicados. Eso sí, deberán presentar sus muestras de heces con la infección a
la cual fueron expuestos para sujetarse a cualquier descuento. En temas de
delincuencia “prometemos” insertar en la comunidad un escuadrón especializado
que vestirán de civiles para detectar de manera sigilosa a los malos elementos.
Ningún choro será liberado sin cumplir algún tipo de servicio a la comunidad.
Si reconoces a la persona que te robo el celular o algún tipo de bien, se le
otorgará cuarenta y ocho horas para que pueda conseguir un producto de igual o
mejor calidad y se te reponga. Con respecto al acoso sexual, y como ya
mencionamos en temas de servicio vial. “Prometo” generar zonas y horarios
especiales, para que las señoritas con escaso contacto sexual puedan coincidir
con aquellos señores con facilidad de erección. Entre los señores obreros y
amigos de construcción civil, no se podrá lanzar piropos y muchos menos
propuestas soeces si están en grupos mayores a tres personas ni tampoco lanzar
más de dos comentarios de este tipo. Si algún enfermo se atreve a mostrar sus
partes íntimas y éstas no superan los dieciocho centímetros, tendrán que pagar
el 10% de una UIT por cada centímetro que les haya faltado. Para lo referido en
temas de deportes. “Prometo” acondicionar las diversas canchitas con luces especiales
para sus pichanguitas por la noche. Esto para fomentar el ejercicio. También se
obligará a dar mínimo unas cinco vueltas a la cancha a los que tengan sobrepeso
y quieran participar del partido así como también, se realizará una prueba de antidoping
a la salida del recinto deportivo para no generar especulaciones. “Prometo” se
prohibirá el expendio de bebidas alcohólicas a menores de edad salvo que estén
en grupos mayores a seis (para que no lleguen a emborracharse) y se exigirá a
los antros del hampa y el punteo los permisos en regla para su funcionamiento,
cobrándoles un significativo impuesto para las mejoras de la zona, como las
bancas de las plazas para que sus clientes puedan tomar de manera más cómoda. “Prometo”
que para las fiestas de la ciudad se
traerán artistas a la altura de las expectativas. Una noche con artistas
nacionales, incentivando la música criolla. Otra con artistas de renombre
internacional, vigentes y a la talla de las circunstancias. Otra noche de salsa
y reguetón. Y nunca, en ninguno de los casos, será el grupo de fondo algún
artista o grupo que haya caducado, que lleguen gordos y sin cabello, apoyados
en sus bastones y/o Corazón Serrano. Si gano, y solo sí. Ese mismo día prometo
un juergón donde no aplica ninguna de las normas a establecer, al frente de mi
casa escuchando “cuatro mentiras” y regalando pases para Aura Vip. Por eso
querido amigo Arequipeño, este domingo, o cualquier otro que te toque, marca mi
símbolo, (que apunta para arriba, siempre para arriba, erecto hacia el futuro)
y apuesta por el cambio. Bríndame tu apoyo para Alcalde de la ciudad, de tu
provincia, no importa de tu distrito, barrio y/o para la Apafa en tu colegio.
No olvides nuestras frases épicas que descansarán en tu corazón para la
eternidad como: “Masturbamos nuestro cerebro para eyacular lo nuestro sobre ti”
“Leonardo, les da a todos por igual” “No cogeremos nada del pueblo, cogeremos
todo con ellos” “No es lo mismo llegar
primero a la meta que te la meta el primero que llega” “Leonardo no cacha con
el pueblo (en alusión a una campaña poco romántica); Leonardo les hace el amor”
entre otras que hicimos con respeto y cariño. ¡Queridos amigos, cuento con su
apoyo! ¡Cuento con Uds.! ¡Prometo, prometo y seguiré prometiendo! Siempre con
la expectativa de lograr mi propósito, de cumplir con Uds. ¡Marca el Angelito! ¡Marca
el Angelito! ¡Marca el Angelito! Apuesta
por: “Un Movimiento Sensual: Sexy”. Después del “Flash Electoral”, los espero
en mi casa. Un abrazo.
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