lunes, 5 de noviembre de 2007

El hombre más feliz del mundo

Esta ciudad pequeña y vacía se ha prostituido tanto que me incita a huir de ella con premura. La gente anda dibujando una sonrisa muchas veces fingida en aquellos labios que se conocen muy bien entre sí e intentan olvidarse. No aguanto la obligación de asistir a ese instituto polvoriento que acoge la derrota de no ser un triste universitario. La carrera que estudio es asquerosa y aprendo más leyendo tonterías que escuchando las interminables clases durante estos tres largos años. Me fatiga levantarme temprano, oyendo a mi madre indignada por mi copiosa pereza, la que me domina todo el día. Llevo una vida de perdedor y por lo menos en esta situación me siento el mejor de todos. Cada día me veo más feo, eso ya es un abuso intolerante. Mi cabello nunca para en su sitio, se rebela ante cualquier intento de dosilizarlo. Mi cuerpo lánguido se ha vuelto inútil a cualquier ejercicio, no sólo mi juventud mental se ha oxidado. La poca plata que pueda tener me vuelve avaro, mezquino, cicatero conmigo mismo y me prohíbe complacerme a plenitud. Mis días son monótonos, abrumadores. Estoy lejos de ser el tipo bonachón y querido por las chicas dispuestas a dar algo más que su amistad, estoy lejos de encajar en este circo impío. Mis amigos andas borrachos, peleándose por un par de culos que van de mano en mano cada fin de semana y nunca se entregan a mí. No me siento cómodo en ningún lugar, en ninguna situación. Leo como loco y al terminar el libro de turno, no me acuerdo ni de un puto personaje. Sólo quiero dormir, esperando que este ejercicio me agote para cansado, seguir durmiendo. Presiento con excesiva certeza que esta ciudad también se ha aburrido de mí y exige que me vaya. Soy un prisionero de mi propia cárcel, un esclavo de mi apatía, de mi pesadez. Mantengo el sueño intacto de sacarme la lotería y malgastar todo el dinero viviendo un par de años escandalosos justificando mi pasividad actual. No tengo ganas de bañarme, sé que me volveré a ensuciar y no hay nadie que quiera olerme con pasión, con desespero. Podría ir al gimnasio, pero ver aquellos cuerpos musculosos, fornidos, esplendidos puede deprimirme y convencerme que durmiendo puedo soñar el cuerpo que quiera. No quiero navegar en Internet, odio la hipocresía de la comunicación en línea, la frialdad de las palabras, las miles de fotos personales que circulan tratando de convencer al mundo de que son bonitos y felices,cuando no son ni uno, ni otro. Odio la computadora, basta que la toque para que presente un desperfecto por alguna negligencia mía, recordándome nuestra relación árida, áspera, insoportable. Mantengo mi página (que tan sólo es un miserable blog) por el compromiso de que la gente que aún muestra algún interés por mí, se aburra leyéndola y me olvide. La soledad es celosa conmigo, me obliga a acompañarla como su amante y yo encantado gozo satisfaciéndola, ya que no me exige que me levante de la cama. No pretendo ser el hombre más feliz del mundo, presiento que sería más aburrido que ser Leonardo Dosantos.

3 comentarios:

Sebas dijo...

Hola, Dosantos... aca pues leendo nuevamente tu blog... sabes me parece que tratas de denigrarte en la vida lamentandote de todo, me parece que eres un tipo pusilanime... pero espero que nosea asi porque tienes un gran don para escribir... no se si habalr asi de uno mismo, calificarse de esa manera, sea propio de un escritor .. pero bueno supogo que tratas de imitar a algun autor del cual tu lees sus obras.. (asi como yo)... pero no lo tomes muy a echo no todos los ejemplos en la voida son buenos...

... Sebas

DifuseColor dijo...

a mi la verdad me gusto tu texto, no se si sea porke comparto de momento ese sentir... la verdad me agrado... mas porke se ke mas de una vez ese sentir recorrio no solo mi cabeza, sino tambien mi ser...
saludos y ke sigas escribiendo!
a mi me gusta como lo haces!
y eso de no bañarte, lo comparto al 500% aunque sepa ke tengo ke hacerlo para evitar disgustos en mi trabajo.

Estefania dijo...

Me encanta tu página. Creo que en parte soy asi. Yo tambien deseo dormir, y nunca he sido muy dormilona. Al contrario. Hay dias que podria estar metida en la cama sin mas, y ni siquiera ducharme. Voy a seguir pasandome por aqui, si tu sigues escrbiendo. Un abrazo.