sábado, 7 de marzo de 2009

Anchos instintos

La lluvia coqueta y melancólica que acompaña la tarde espanta a los clientes, los intimida; permite que el banco, lugar en el que trabajo por las tardes, se transforme en un sitio de sosiego, de reposo, de armoniosa paz. Yo ando tranquilo, pensando en tonteras que no alteran ni afectan mis días. ¿Qué hago con mi cabello? ¿Ahora que vivo solo, podré ser todo lo puto que puedo ser? ¿Si nadie me ve en mi habitación, por qué todavía no me he hecho la paja? De pronto entra aquella gordita feliz, con un taper en la mano, muy enérgica, muy contenta. Miriam, como se llama aquella señorita rechonchoncita, acude con cierta frecuencia a la agencia. Por cosas del destino, me toca atenderla. Muy fresca se acerca, me saluda como si me conociera de toda la vida; se disculpa porque ha traído un depósito de dinero algo fuerte, porque ha traído mil soles en monedas de un sol y de cincuenta céntimos, se disculpa por todo menos por ser tan coqueta. Yo le digo que no hay problema, que ese es mi trabajo, pero miento, porque si hay problema, porque aquella señorita gordita y coqueta le gusta que yo la atienda, que cuente sus moneditas, que la escuche contarme sus cosas. Me da el dinero avergonzada: dos depósitos con billetes, los cuales cuento rapidito, casi sin revisar, sólo para terminar y que se retire, sin importarme que haya falsos. Me promete que me va a premiar, que me va a regalar un pisquito buenazo, para mi solito. Me ha visto la cara de borrachín, de borrachín misio para regalarme sabe Dios qué pisco venenoso. Me pregunta si me lo puede traer. - Si – respondo agradecido por el detalle, con mi mejor cara de borrachín afable y bonachón. – Me caería bien justo ahora que vivo solo – le digo sin ningún tipo de intensión y sin medir las consecuencias. - Perfecto – me responde de una manera peligrosa. – Mejor me pasas a buscar y nos vamos a tu casa – me dice aquella casquivana sin tapujos. Yo bajo la cabeza y cuento más rápido. – Toma mi tarjeta, con mis números, me llamas cuando salgas, yo trabajo acá cerquita – me comenta vigorosa. – Aguanta gordita mandada. No estoy tan desesperado para acceder a tus bajos y anchos instintos, ni hablar, de una sentadita me matas - me digo en aquel soliloquio endemoniado que ejerzo. Termino con los billetes, me entrega un cheque que no ha endosado; le pido que lo haga: su nombre, su documento de identidad y su rúbrica por favor. - ¿No quieres mi dirección? – me pregunta haciéndose la despistada. – No, no es necesario – respondo educadito y asustado contando las monedas, los mil soles en monedas que ella me pasa en torres de diez en diez a mi manito, forzando un roce de manos que trato de evitar. – A no gordita, no me vas a conquistar enseñándome todo ese dinero y menos haciéndome contarlo, ensuciando mis manitos que ya bastante sucias están. Yo no caigo ni a balas gordita, ni con diez cajas de ese pisco que me prometes, y menos cuando me traes monedas falsas gordita desgraciada, así menos. Olvídate de este flaquito que será medio puto pero conserva algo de buen gusto – pienso rápidamente. – Hay amiguito, eres una bala contando las monedas… ¡ufff! Me ganaste de lejos – me dice siempre con aspavientos. – La bala eres tú – pienso una vez más. – y de cañón gordita, y de cañón- Le entrego sus comprobantes. Promete volver con el sol que le presté por haberle encontrado una moneda falsa. - Gorda conchuda, nunca regresaste; me dejaste sin pisco, sin pasaje y con la sensación de haber sido ultrajado -. Nunca leí su tarjeta, no pienso llamarla ni buscarla. Espero que te atrevas a venir pronto para cobrarte la monedita que te presté y reclamar aquel pisco que ni pienso tomar, sólo te lo voy a pedir por joder. La lluvia se hizo más intensa, los pocos clientes que entraban lo hacían empapados, y yo, temía que aquella gordita, Miriam, osara retornar a mi ventanilla. P.D.: Gordita lanzada, tu pisco estaba rico. Gracias.

3 comentarios:

Estefania dijo...

¿cual era el problema? ¿Que era gordita? Es la palabra que mas repites en el texto... eso no esta nada bien. Quieres ser un caballero.. pero lo estas estropeando...

Anónimo dijo...

al final la llamaste?

CENIZA dijo...

Las cosas como son. Me encanta como escribes.Sin tapujos.=)